Una familia. Una casa llena de recuerdos. Y un amor que se niega a desaparecer. Juana empieza a perderse en el tiempo. A veces confunde el presente con los recuerdos, y otras veces parece vivir en un mundo donde las personas y los momentos más importantes de su vida todavía están ahí. Mientras su familia intenta acompañarla, cada uno enfrenta a su manera aquello que resulta mucho más difícil de aceptar: que hay ausencias que no se pueden evitar, recuerdos que no se pueden retener y despedidas para las que nadie está preparado. Entre mates, discusiones, risas y momentos de profunda ternura, No te vayas sin saludarme nos invita a mirar de frente el amor, la memoria, la familia y la necesidad de decir adiós. Una historia tan conmovedora como cercana, que nos recuerda que, mientras podamos, siempre hay tiempo para quedarnos un ratito más.